Con el viento en la cara – El fundador de Dcada explica su amor por el ciclismo

Medellín. Para Henrik, uno de los fundadores y gerente de Dcada, la bicicleta ha formado parte de su vida desde su infancia hasta la actualidad. En este artículo nos cuenta cómo evolucionó esta relación especial con su bici y qué paralelos encuentra él entre el ciclismo y su marca de refrescos orgánicos colombianos.

Por Henrik Jessen, cofundador de Dcada

Toda mi vida he montado en bicicleta. Recuerdo bien que me regalaron mi primera cicla cuando tenía apenas 3 o 4 años. Era una tipo BMX azulita. En ese tiempo vivíamos en un pueblo pequeño en el norte de Alemania, en una casa vieja con un jardín gigante, la cual tenía a su lado un monte de arena grande que mis papás habían puesto como parque infantil artesanal para mis hermanos y yo.

Curiosamente no me costó mucho aprender a montar en bicicleta y, poco después, andar en ella no fue un problema — lo único era que no sabía cómo frenar o bajarme de la cicla. Entonces mi tío, muy inteligente, me enseñó que, en vez de bajarme de la bici, nada más me dejara caer de la cicla en el monte de arena. Funcionó muy bien y mis papás se divirtieron bastante con esta extravagante —pero efectiva— técnica.

En los años siguientes, mi bicicleta se convirtió en mi medio de transporte recreativo. Recuerdo veranos infinitos andando entre los cultivos de maíz y trigo al rededor del pueblo con mis amiguitos.

LÓGICO QUE MI PRIMER TRABAJO FUE EN BICI

Cuando nos mudamos a Hamburgo, por primera vez concebí la bicicleta como un medio de transporte con un sentido práctico: mi mamá estaba muy ocupada con mis tres hermanos menores, así que yo, con mis 8 o 9 años, tenía que organizar mis viajes solo. Ya fuera para llegar a la escuela, que quedaba a más de 30 minutos caminando, o al entrenamiento de mi equipo de fútbol, que era incluso más lejos.

En mi bici no solo llegaba mucho más rápido, sino además me sentía independiente, libre e imparable para hacer todo lo que quería.

Lógico que mi primer trabajo también fue en cicla. Cuando tenía apenas 15 años, me contrataron en una farmacia en mi barrio para hacer domicilios de medicamentos y otras cosas a las personas mayores de edad y personas enfermas que no tenían cómo llegar al sitio. Me pagaban 12 marcos alemanes por hora, unos 20 mil pesos. Para un estudiante escolar, ese era un buen sueldo, que me permitía ir al cine o salir a comer con mis amig@s el fin de semana.

Con este trabajo, conocí todas las calles de mi barrio en bicicleta y obviamente me convertí en un ciclista experto, también debido a que mi mamá, junto con el apoyo financiero de mis abuelos, me había regalado por mi cumpleaños una superbici, negra con amarillo, de 21 cambios.

MI ABUELA CASI SE PUSO A LLORAR

En Alemania, la cicla es una herramienta de transporte tan normalizada, tan fundamental para la vida, por lo menos en mi familia, que recuerdo muy bien que cuando mi abuela Ilse, con sus 85 años, tuvo que dejar de montar bici para siempre porque el riesgo de caerse tan alto lo había vuelto inviable, por poco se puso a llorar.

Y de la misma manera, mi bicicleta ha sido mi pana, mi socia inseparable durante casi 30 años, en un sentido 100% personal, y posiblemente hubiera continuado siendo así hasta que me convierta un anciano de haberme quedado en Alemania.

PEDALEAR EN MEDELLÍN: UN ACTO POLÍTICO

Fue solo cuando llegué a Medellín, en el 2013, que empecé a entender que la bici por acá es mucho más que una herramienta de transporte muy práctica y divertida: la cicla es una declaración, un statement. Montar en bicicleta por acá es un acto político.

Henrik participando en una Sicleada en el año 2014.

Participé entonces en actividades como la Sicleada, organizada todos los miércoles por el Colectivo SiCLas. Estaba muy sorprendido cuando fui por primera vez, un miércoles en el año 2014, a las 7:30 p. m. por el Carlos E. Restrepo, y vi l@s cient@s de ciclistas de todas las edades, list@s para retomar la ciudad y fortalecer nuestra visibilidad a su paso.

Much@s de ell@s tenían stickers pegados a sus bicicletas con expresiones como “Un Carro Menos — Una Bici Más” o “Más Amor, Menos Motor “, cosas que me parecieron muy chéveres. En Medellín el tema del tráfico motorizado individual cada vez es más problemático y durante varias semanas al año se tienen que aplicar medidas restrectivas para los carros y motos por lo mucho que contaminan el aire. Sin embargo, y contra cualquier lógica, cada año circulan más carros y motos en el Valle de Aburrá.

La bicicleta es la contrapropuesta perfecta a toda la contaminación del aire que nos está matando lentemante a l@s habitantes de la ciudad.

CON EL VIENTO EN LA CARA Y EL PISO BAJO LOS PIES

En Colombia, nosotr@s l@s biciusarios somos un combo conspirador. Somos l@s que sabemos, l@s que hemos entendido. Queremos ser libres, llegando a nuestra propia manera, tomando las vías que a nosotr@s nos convengan. Al mismo tiempo, lo queremos hacer con nuestra propia fuerza, pedaleando, sin contaminar el aire y sin hacerle daño al medio ambiente. Nos gusta sentir el viento en la cara y el piso bajo nuestros pies.

Queremos ser lo suficientemente rápid@s para llegar de un barrio a otro en pocos minutos, pero a la vez lo suficientemente lent@s para saludar a tod@s l@s amig@s que casualmente nos encontramos en nuestro camino. Andar en cicla es la manera más saludable, más sostenible y más social de moverse en la ciudad.

Es por todo esto que me gusta comparar mi pasión por la bicicleta con mi trabajo por nuestros refrescos Dcada. Si Dcada fuera una herramienta de transporte, sería una bici … O, mejor dicho, si la cicla fuera una bebida, lo más seguro es que sería una Dcada.

Con el viento en la cara y el piso debajo de los pies – para Henrik Jessen la bicicleta es la herramienta de transporte perfecto

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